Junio nos encanta. El aire fresco entra por la ventana de noche, rebuscamos entre la ropa interior el olvidado pijama de pantalón corto que ya huele a naftalina, el camisón, como tanto nos gustaba de pequeñas, o sencillamente, una camiseta ancha y larga y un culotte hacen de vestimenta oficial desde ahora hasta finales de Agosto.
Acabemos exámenes, organicemos una comida al sol en la terraza de un apartamento alto en la ciudad e imaginemos, para los que no podemos disfrutar de las grandes urbes, que los tejados y las antenas, los balcones y las grandes ventanas, enmarcadas en color pastel, en amarillo limón o mediocre color arena, pertenecen al barrio de Le Marais, en París, aunque en realidad nos encontremos en el barrio de Ruzafa en Valencia, que aunque no se ha convertido en un lugar tan especial y mágico como lo es El Carmen con sus callejuelas medievales, plazas y cafés, es un referente para pasar una buena tarde entre amigos.
Entran ganas de pintarte las uñas de los pies en colores ácidos, llevar vestidos de vuelo con estampados, peinarte una trenza, y sentarte a comer una focaccia con rúcola y queso de cabra, tomar un té frío, un cóctel, una tarta casera.
Entran ganas de contar anécdotas nocturnas, de planificar escapadas, tal vez un finde en San Sebastián, o en Zarautz con tu tienda de campaña y todas tus amigas, preparar una barbacoa, haceros fotos sobre sus verdes colinas... tal vez unos pocos días en Begur, Girona, nadando en Aïgua Freda y bucear en Aïgua Blava, tumbarte sobre la gruesa arena de la minúscula playa escondida de Illa Roja y devorar el Marie-Claire.
Junio abre esperanzas y deja volar nuestra veraniega imaginación. Es genial pensar en la cantidad de planes que se acercan. Por no mencionar los festivales...
Sophie Madeleine, su ukelele y sus Sailor Jerrys nos transmiten una fresquísima sensación.
Goody, goody, girls.
¡¡ Por fin Junio!!
hola
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